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Aviones





Había una vez un curioso que se metió en un avioneta. Pues, no sabía nada de aviación pero empezó a mover unas palancas, despichar botones, etc., y de pronto la avioneta empezó a carretear y emprendió vuelo. De pronto se encontró el micrófono y por la radio comenzó a pedir ayuda. Contestó la torre de control y le preguntó cuál era el problema. El se lo explica todo, entonces siguió esta conversación:
Pues, por Dios, ¿Ustedes me pueden sugerir algo?
Usted, ¿Qué sabe de aviones?
Absolutamente nada, compadre.
Bueno, entonces, le sugiero que se despida de su mamita.
Despídase usted, chistoso, que voy directo a la torre.




En las cercanías del aeropuerto el Capitán dice:
¡Aquí AIH346 a torre de control!, solicito permiso de aterrizaje. Aquí torre de control, AIH346 proceda por pista 23N.
En la cabina el Capitán dice:
¡Demonios!, siempre hemos aterrizado en la 14W, ¿Dónde está la 23N? Y el copiloto responde:
Ahí la tienes, que corta que es.
¡Corcholis!, dice el Capitán, pero que corta es. Iniciando aproximación. Invirtiendo motor uno, dos. Invirtiendo todos los motores, freno
aerodinámico al máximo, bloqueo ruedas.
El Avión toca pista y para justo al final. El Capitán vuelve a decir: ¡Rayos!, que corta que era.
A lo que el copiloto contesta:
Corta, cortísima, pero mira, ¡Que annnncha que era!




Hay una turbulencia en el avión por lo cual una señora se espanta y le pregunta a la auxiliar de vuelo:
Señorita, en caso de que caigamos, ¿hay algo que nos detenga?
Y contesta:
Sí, el suelo.











Durante un vuelo la azafata se acerca a ver que le ocurre a un hombre que protesta amargamente.
¡Estoy harto de esta aerolínea! refunfuña, ¡siempre me toca el mismo asiento! no puedo ver la película y, como las ventanillas no tienen persianas tampoco puedo dormir.
A lo que la azafata responde:
Deje de quejarse y aterrice de una vez, comandante.




El organismo de aviación preparó una home page, ya desactivada,
describiendo uno de sus más ingeniosos dispositivos. El mismo buscaba testear la resistencia del vidrio del parabrisas de aeronaves y consistía en una especie de cañón que disparaba un pollo muerto en dirección al vidrio del avión testeado.
El disparo era exacto y reproducía la velocidad con la cual el ave alcanzaría el avión en vuelo. Teóricamente, si el parabrisas resistiese la prueba del impacto en la carcasa, entonces ciertamente soportaría una colisión con un pájaro en un vuelo real. En la práctica, el dispositivo funcionó perfectamente, con centenas de pruebas efectuadas en los Estados Unidos.
Estudiosos atlantes, que estaban desarrollando una locomotora super veloz, encontraron ese home page y se interesaron por el cañón de pollos, pensando en aplicar la idea a los parabrisas de su nuevo tren hi-tech en fase final de proyecto. Entraron en contacto con la us-faa, consiguieron un cañón prestado y procedieron a efectuar los tests. Ya en el primer tiro, el pollo reventó el vidrio frontal del tren, quebró el panel de instrumentos, estropeó la silla del ingeniero, e hirió dos técnicos y voló hasta el fondo de la locomotora, estrellándose contra la pared trasera y dejando un profundo agujero en la chapa. Los atlantes quedaron
completamente perplejos con el sorprendente y violento resultado. Documentaron la escena en detalle, produjeron fotos digitales, grabaron declaraciones de testigos oculares, elaboraron documentos técnicos y enviaron toda la información en un archivo "zip" a la us-faa vía e-mail, preguntando que era lo que habían hecho mal. Los técnicos americanos estudiaron cuidadosamente la documentación recibida y respondieron, en un e-mail seco y directo:
"Descongelen el pollo".







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